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03 marzo 2010

Arquitectura sorprendente


Al observar el cuerpo humano percibimos que los movimientos que hace siempre van acompañados de un cierto balanceo. No es rectilíneo, las líneas rectas solo generan encrucijadas y las curvas tienen muchas posibilidades.

Este el principio de la naturaleza en el que se ha centrado la pareja de arquitectos formada por Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa para diseñar el edificio Rolex Learning Center, para la célebre Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), uno de los principales centros europeos de investigación en ciencia, tecnología, ingeniería y arquitectura.

Estos dos japoneses están al frente de SANAA, considerado como el estudio estrella de la arquitectura japonesa. Nace en 1995 y la innovación de sus obras arquitectónicas consiste en combinar la simplicidad estética con complejidad técnica. Entre sus proyectos podemos destacar el New Museum of Contemporary Art en Nueva York. En 2009 diseñaron la Serpentine Gallery Summer Pavilion en Londres. También el 21st Century Museum of Contemporary Art Kanazawa en Japón y el Louvre de Lens, en Francia.

Ahora llega el Rolex Learning Center (que debe su nombre a la conocida marca de relojes, su principal patrocinadora), situado en pleno centro del campus y con una estructura curva de hormigón.

Los creadores de este original edificio lo describen así: "Su forma orgánica, curva, se adapta mejor al movimiento de la gente; también a los cambios del sol, porque buscábamos que hubiera mucha luz". Para un edificio que aparenta ser más grande de lo que es en la realidad, apenas hay pilares. "Éstos se encargan de definir el espacio en zonas, pero, como queríamos que el interior fuera diáfano, utilizamos los menos posibles", cuenta Sejima. En definitiva, un espacio abierto donde la gente pueda comunicarse. El mobiliario del interior (albergará la biblioteca del EPFL con más de 500.000 libros, salas de trabajo, restaurante, administración, anfiteatro para conferencias) también lo han elegido ellos: lámparas Tolomeo y sillas de Jacobsen.

Los pisos están sutilmente ondulados a modo de pequeñas colinas, valles y planicies (para evitar escaleras y ascensores), sin paredes que puedan crear barreras entre las áreas de trabajo y cuenta con 14 “agujeros” en el techo para permitir el paso de la luz.

Desde las zonas más altas, los visitantes podrán disfrutar de magníficas vistas del lago de Ginebra y de los Alpes.

¿Quieres saber más sobre este original edificio que juega a aparecer y desaparecer? Parece flotar, pero a la vez está arraigado en el suelo y consigue promover las relaciones con los usuarios y con el medio ambiente.

Un proyecto innovador con un resultado sorprendente.


Por Iniciativa Joven

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