Una nueva generación: robots sociales
Un robot social es aquel que interactúa y se comunica con las personas, de forma sencilla siguiendo comportamientos, patrones y normas sociales. Además de tener un aspecto humano, tienen lo que se conoce como inteligencia social: tienen habilidades para poder “convivir” en entornos reales como puede ser una oficina, una casa…
Se puede definir al “robot inteligente autónomo” como un sistema compuesto por un controlador electrónico acoplado a un cuerpo mecánico, y con ciertas características de autonomía, fiabilidad, movilidad y versatilidad. Por ello necesita de sistemas sensoriales (para percibir el entorno en donde se desenvuelve), de una precisa estructura mecánica adaptable (a fin de disponer de una cierta destreza física de locomoción y manipulación), de complejos sistemas efectores (para ejecutar las tareas asignadas) y de sofisticados sistemas de control (para llevar a cabo acciones correctivas cuando sea necesario).
La robótica social busca construir robots que tengan capacidades de interactuar con personas. Por ello requieren una serie de destrezas que en los humanos se atribuyen a la inteligencia social: capacidades expresivas y habilidades para localizar, poner atención y dirigirse a las personas.
Esto nos lleva a pensar que si un robot puede desarrollar tanto actividades cognitivas (razonamiento) como afectivas (emociones), tendremos que plantearnos seriamente una cuestión: ¿Qué lugar ocupan en nuestra sociedad? ¿Su función será reemplazar a los seres humanos, por ejemplo, en determinados trabajos?
En realidad la tarea que los robots quieren desempeñar más que un motivo de preocupación debería serlo de alivio: cada vez están más preparados, gracias a la técnica, para ayudarnos a realizar esas tareas consideradas repetitivas, rutinarias, monótonas, aburridas, insalubres y peligrosas.
Como se puede comprobar la robótica avanza a pasos de gigante.
Hay cuatro elementos que definen a un robot social: Autonomía, Inteligencia, Interacción y Apariencia. Todos ellos con la finalidad de que cada vez puedan desarrollar mejor sus tareas y sus relaciones con los humanos.
Una de las funciones que pueden llevar a cabo es la docencia, como ya ha se ha demostrado en Japón: en este país el éxito de la maestra-robot, llamada Saya, que puede expresar emociones básicas como sorpresa, miedo, repugnancia, furia o felicidad, se debe a la buena acogida que ha tenido entre los niños.
“Los robots que parecen humanos tienden a ser muy del gusto de niños y ancianos”, dice Hiroshi Kobayashi, profesor de ciencias de la Universidad de Tokio y creador de Saya.
Se siguen haciendo muchos avances en este campo que utilizados de forma positiva, pueden suponer un gran avance y facilitarnos la vida.
Por Iniciativa Joven
En:General
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