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11 febrero 2008

Un viaje espacial muy dulce


 

Queda muy atrás la lucha enfervorecida por la conquista del espacio. La carrera experimentada por las dos superpotencias mundiales durante la guerra fría, Estados Unidos y Rusia, hizo que la tecnología aeroespacial avanzase en apenas una década lo que no habría conseguido en 50 años. Así, en aquellos días, los ojos del mundo miraban la Luna como la próxima frontera que derribar, pero de una forma mucho más cercana que antes, como si casi se pudiese alcanzar con poco esfuerzo.

Pero esos días han pasado. Los días de la locura espacial casi son un mero recuerdo para los nostálgicos. Bien es cierto que se siguen realizando misiones tripuladas hacia el espacio, pero los fines se guían más por la economía que por el espíritu científico o incluso el romántico que existía anteriormente. De todas formas, esto parece que puede volver a recuperarse por un hecho que devolvería la mirada hacia las estrellas: la próxima conquista de Marte.

El planeta rojo es el equivalente actual de la Luna en el sentido de superación del ser humano y la dominación de los recursos disponibles para obtener un resultado sorprendente: llegar a un nuevo planeta. Pero todo esto no sería posible sin la ayuda de un gran número de personas que aún siguen reteniendo ese espíritu de pionero en su interior y que ayudan a que esto se haga realidad mediante el desarrollo de nuevas técnicas, nuevos materiales, un nuevo concepto de Ciencia. Desde aquí queremos hoy rendir nuestro particular homenaje a todos aquellos que hacen que sea posible pensar en que, dentro de pocos años, la huella de un astronauta se quedará impresa en la superficie del planeta rojo, al igual que lo hizo hace años en la Luna, siendo casi una metáfora de la evolución del hombre.

Y esta tecnología pasa por olvidar ciertos prejuicios hacia conceptos que parecen absurdos pero que, en unas manos adecuadas, se convierten en la forma idónea de resolver el problema en cuestión. Un ejemplo bastante claro de esto lo tenemos en los estudios que se están llevando a cabo sobre el desarrollo de la propulsión mediante azúcar. Esto de por sí parece demencial, pero no lo es tanto si pensamos que lo compuestos azucarados como el sorbitol o la dextrosa son objeto de una forma reacción al mezclarse con nitrato potásico.

De hecho, hemos tenido acceso a una serie de proyectos en los que se desarrolla esta idea:

Sugar Shot to Space: Proyecto para el desarrollo de un cohete que sea capaz de alcanzar los límites de la atmósfera.
Candy propellants :Sobre cómo construir cohetes propulsados con nitrato potásico y crema de galletas “oreo” (un poco más artesanal, pero igualmente válido en su esencia).
Richard Nakka´s Experimental Rocketry : que ofrece una serie de “recetas” para conseguir propelentes basados en azúcares.

Puede que ahora sea sólo una quimera, pero quién sabe si dentro de unos años, este tipo de propulsión será el nuevo motivo de orgullo de las futuras naves espaciales…


Por Iniciativa Joven

Etiquetas:espacio, energia, combustible, innovacion, tecnologia

En:General

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