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14 mayo 2007

El avance implacable de la Ciencia


Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha buscado algo mucho más allá de lo que tenía ante sus narices, quería saber, conocer, explicar lo que le rodeaba y no entendía. Todo eso ha llevado a millones y millones de ideas que han florecido como inventos, tendencias, concepciones científicas, leyes universales…
Mucho se ha teorizado sobre el avance de la Ciencia y de la explosión evolutiva de ésta. Ya en 1956 Derek J. De Solla Price, propone la conocida “Ley del crecimiento exponencial de la Ciencia”. Se basa en múltiples observaciones cuantitativas, referidas a crecimiento de revistas científicas, de autores, de artículos, fundación de Universidades, descubrimientos… es decir, las huellas de la creatividad y la innovación. De esta forma, la Ciencia crece de forma que se multiplica por una cantidad determinada en periodos iguales de tiempo (cada 10-15 años se dobla la producción científica).
 
A esta afirmación hay que sumar la teoría de la “Big Science” o “Gran Ciencia”. Esta concepción de la Ciencia es la que se supone tenemos hoy, e implica la colaboración entre los investigadores, mayores recursos, acceso a la información, etc. En la antigüedad, los científicos no tenían medios ni colegas a los que recurrir, siendo mucho más personal la información, por no decir secreta. De esta forma, los descubrimientos eran, a veces, duplicados. La Ciencia avanza mucho más rápido bajo la concepción actual, ya que la creatividad de uno se suma con la de los demás colaboradores del grupo investigador. De hecho, se afirma que actualmente conviven en el mundo muchos más científicos que los que han existido en toda la Historia de la humanidad juntos. De esto puede deducirse que la Ciencia avance de un modo tan acelerado.
 
Esto contrasta con el hecho de que, antiguamente, los descubrimientos fueran más espectaculares, pero hay que tener en cuenta que es más fácil innovar cuando no hay nada inventado que cuando ya existe una gran base sobre la que trabajar. De hecho, si cogiéramos a un hombre que viviese en la Roma clásica y lo trasladásemos a la Edad Media, el impacto para él sería mínimo pero, si cogiéramos a un hombre de la Edad Media y lo trasladásemos a la actualidad, el impacto sería brutal y, presumiblemente, tardaría toda una vida n adaptarse a tantos cambios. En ambos casos han trascurridos 1000 años, pero la Ciencia no ha avanzado lo mismo en los dos períodos, sino que el proceso es mucho más acelerado a cada año que pasa. Sólo resta una pregunta: ¿podríamos adaptarnos a un viaje en el tiempo de 1000 años?

Por Iniciativa Joven

Etiquetas:ciencia, innovacion, inventos, avance, investigacion

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