El agua surge como uno de los grandes conflictos geopolíticos del siglo XXI ya que se espera que para el 2025, la demanda de este elemento imprescindible para la vida humana será un 56% superior que el suministro.
Un 70% de nuestro cuerpo está formado por agua, y además de para beber, la utilizamos en casi todas nuestras acciones: para preparar alimentos, lavar ropa, aseo personal, riego de cultivos, cría de animales, fabricación de productos, producción de energía, etc.
Los antiguos griegos consideraban que el agua era uno de los cuatro elementos básicos del universo. Esta creencia viajó por todo el mundo durante siglos sin perder fuerza; hoy, los científicos afirman que el agua existió desde la formación de la Tierra y que en los océanos se originó la vida.
En los países subdesarrollados muchas personas (especialmente niños) mueren por no tener acceso a este líquido vital.
Debido a todo ello, muchos investigadores trabajan en nuevas tecnologías para mejorar los actuales métodos de purificación y poder cubrir así la demanda de agua, que es cada vez mayor. Así surgen fórmulas variadas e innovadoras: filtros sin productos químicos, sistemas que funcionan con energía solar, aparatos que extraen agua del aire…
El desarrollo de métodos no químicos cuenta con sistemas muy diversos: intercambio de iones, exposición a rayos ultravioleta, nanomenbranas, ultrasonidos, etc.
En esta área, el investigador Dean Kamen ha creado el "Slingshot", un sistema de destilación por compresión que funciona con estiércol y genera además electricidad. En estos sistemas trabajan empresas como IBM, para comercializar nuevos sistemas que filtren las impurezas del agua. Por ejemplo la compañía Atlantium, de Israel, ha creado el "sistema de desinfección hidro-óptico", que se basa en rayos ultravioleta de alta intensidad para eliminar microorganismos patógenos. Ya se utiliza en varios países de todo el mundo.
Otro gran problema es la gran cantidad de energía que necesitan los sistemas de purificación: por ello, la gran solución puede venir de la mano de las energías renovables. Así lo creen IBM y la Ciudad Rey Abdulaziz para la Ciencia y la Tecnología (KACST), que han puesto en marcha un proyecto para crear la mayor desaladora del mundo con energía solar, en la ciudad de Al Khafji (Arabia Saudí) para que provea de agua potable a más de 100.000 personas.
Otra fórmula innovadora es la que lleva a cabo el Instituto Fraunhofer de Alemania: un método que convierte la humedad del aire en agua potable mediante el uso de energía renovable. La empresa DewPointe ha lanzado el DH9, un aparato capaz de extraer vapor de agua del aire y convertirlo en agua potable. Puede lograr unos 15 litros y medio de agua, incluso en los desiertos más áridos.